domingo, 10 de agosto de 2014

EL TORO Y LA SORDA




Por Bernabé López Padilla.


Si usted gusta de recordar el pasado hoy es un buen día, esta vez le hacemos llegar un link en 
donde puede ver entrevistas interesantes a Tom La Sorda y a Fernando Valenzuela

https://www.youtube.com/watch?v=B2Pme9QkHq0 


Me contaba mi tío Octavio Padilla Noriega, un gran amante del béisbol, una anécdota sobre 
cómo se curaban los viejos peloteros: 


Cuco Toledo, al centro.

“Recuerdo a Ángel “Cuco” Toledo, un cubanito no muy alto, era jardinero izquierdo de los Cañeros de Los Mochis en la vieja liga de la Costa del Pacífico, vivía en el hotel Del Río, frente a la pasteurizadora muy cerca del viejo Estadio Mochis, y una vez se torció un tobillo y yo lo llevé al ejido Constancia porque allí había un indio muy bueno para sobar. Lo sobaron pero no se alivió. Así pasó varios días y un médico le recetó unas inyecciones y nada, y el pobre  cubanito estaba desesperado y su pobre mujer allí junto a él llorando y rezando, hasta que fue a verlo Raúl Navarro, un ex pelotero cubano radicado en Los Mochis, y le dijo: “ yo te voy a aliviar”.

“Se fue y al otro día volvió con un galón de cristal lleno de algo que olía mucho a eucalipto y para curarlo mojaba un trapo que cuidadosamente se lo pasaba por la región inflamada, hasta que la piel absorbió el líquido, entonces le dio suaves masajes. Entre tanto en un balde con agua sobre la lumbre había dos toallas, una a una las tomó Raúl y habiéndose puesto unos guantes de piel gruesos, las exprimió y húmedas pero calientes, se las puso a Toledo que nomás chillaba. 

Una hora después salió y fue a su camión y trajo hielo, lo envolvió en una lona y lo empezó a golpear con una piedra hasta dejarlo “frape”, luego lo puso en una toalla y le envolvió la región inflamada con las toallas y le levantó la pierna. Dos días más duró el tratamiento y tres días después, Cuco Toledo ya andaba dando sus primeros pasos” “Que le dio Raúl, sólo él supo el contenido, pero lo cierto es que eran muchas yerbas y de seguro levaba “mariquita milagrosa”. 

Así contaba mi tío Octavio la historia de Cuco Toledo, un pelotero que está en los anales históricos del béisbol mexicano, tenía un poder inusitado y en los equipos que jugó casi siempre era líder jonronero. En los Mochis y Yucatán se le recuerda con cariño.

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