lunes, 10 de noviembre de 2014

Renace el Salón de la Fama


Por Juan E. Batista Cruz



Después de 54 años de olvido, renació el 8 de noviembre de 2014 el Salón de la Fama del Béisbol Cubano con la exaltación de 10 de los inmortales de nuestro Deporte Nacional, cinco de la etapa 1864 a 1960 e igual número desde 1962 hasta la fecha, al término de la celebración de un histórico Coloquio en el que participaron periodistas e historiadores de todo el país.

Los delegados a esta histórica reunión, eligieron a los 25 integrantes del Comité de Exaltación, quienes analizaron a los 20 nominados hasta escoger a los 10 que se unirán a los 38 que habían ocupado su lugar en la historia hasta la última elección realizada en 1961, con su inscripción en la placa que, lamentablemente y por muchos años, permaneció desaparecida en un rincón del actual estadio Latinoamericano, tras la eliminación del profesionalismo en Cuba.

Resultaron pioneros en esta refundación de nuestro Salón de la Fama, en el que se incluyen por igual a profesionales y amateurs, Esteban Bellán, Conrado Marrero, Camilo Pascual, Orestes Miñoso y el insigne árbitro, Amado Maestri, de la etapa 1864-1961, y Omar Linares. Braudilio Vinent, Antonio Muñoz, Orestes Kindelán y Luis Giraldo Casanova, glorias de las series nacionales de aficionados, surgidas el 14 de enero de 1962.

La ceremonia de exaltación de estos inmortales se llevará a cabo el 28 de diciembre en el Juego de las Estrellas de la Serie Nacional número 54, señalado para el estadio Mártires de Barbados, de Bayamo, capital de la provincia de Granma, la cual marcará una continuidad histórica pues se repetirá cada año para dar cabida a los tantos que, en siglo y medio, hicieron de la pelota parte indiscutible del alma de la nación, de la identidad de este pueblo, símbolo de cubanía.

La celebración del Coloquio Nacional, que sesionó durante los días 7 y 8 de noviembre en el estadio Latinoamericano de La Habana, fue la culminación de años de investigación, de búsqueda acuciosa de lo que se dio en llamar el Grupo de los Entusiastas por la creación del Museo Nacional del Béisbol y la refundación del Salón de la Fama, encabezados por el joven cineasta Ian Padrón, incansables en su cruzada por hacer justicia en este sentido.

Acerca de dónde se ubicarían estos dos santuarios del béisbol cubano, existían propuestas con fuertes argumentos: El estadio Palmar de Junco, de Matanzas,  sede del primer juego oficial el domingo 27 de diciembre de 1874 y el actual Latinoamericano, antiguo Gran Stadium de La Habana o de El Cerro, a cuyo abrigo estuvo, hasta 1961, la Placa con los 38 exhaltados al Salón de la Fama del Béisbol Profesional Cubano.

No obstante, la nueva propuesta surgida al calor de las profundas investigaciones realizadas en los últimos años  es que la sede sea el antiguo Vedado Tenis Club, hoy circulo social José Antonio Echeverría, con un siglo de rica historia deportiva, especialmente en el béisbol. Aquí se tuvo en cuenta que una institución de esas características necesita de varias locaciones y de la seguridad suficiente para preservar su integridad, algo que resulta prácticamente imposible en un estadio, visitado casi a diario por miles de personas que tienen como único objetivo disfrutar de un juego de pelota.

En los debates del Coloquio se sucedieron los criterios en defensa de las tres propuestas, pero al final  el consenso se inclinó claramente hacia la del antiguo Vedado Tenis Club, aunque debe esperarse por la definitiva aprobación de un inmueble bastante deteriorado por los años, con instalaciones víctimas de un evidente abandono y que necesitaría de una fuerte inversión para convertirse en el Santuario por excelencia del béisbol cubano, el que tendría como lógica extensión, un remozado Palmar de Junco.


Este fue uno de los momentos más gloriosos en la historia del béisbol cubano. Se escucharon criterios de los eternos enamorados del béisbol en todo el país y, lo más importante, hubo un gran consenso en relación con la necesidad ineludible de rescatar el Salón de la Fama, de sacar del ostracismo a lo que fue, es y deberá ser por siempre, el altar de los inmortales de nuestro deporte nacional, de tan genuino símbolo de cubanía. ¿Dónde estará asentado definitivamente?  Habrá que esperar por los consabidos ajustes económicos, pero ya podemos decir con sano orgullo que lo rescatamos y lo mantendremos.

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