martes, 2 de diciembre de 2014

MOVIMIENTO SOCIAL: LA ANABE





Por Jesús Alberto Rubio.

Fue en 1980 cuando una enorme cantidad de jugadores se enfrentaron abiertamente al pragmatismo y cacicazgo de los altos directivos de la Liga Mexicana de Béisbol encabezada por Alejo Peralta, el propietario de los Tigres de México, así como la mayoría de los propietarios de las franquicias del circuito y, en medio de la tormenta y las presiones/represiones, fundaron lo que se llamó Liga Nacional de la ANABE.

El presidente del circuito veraniego era Antonio Ramírez Muro.

El dato histórico nos dice que fue el 12 de mayo de 1980 cuando se creó la ANABE y quienes formaron su Mesa Directiva fueron Ramón “Abulón” Hernández, Rafael Barrón, Maximino León, Juan Navarrete, José Luis Naranjo y Nelson Barrera.




En aquel movimiento estuvieron involucrados peloteros la mayoría de los jugadores de los Angeles de Puebla que un año antes habían sido campeones al vencer en siete juegos a los Indios de Cd. Juárez.

En ese gran equipo estaban el mánager Jorge Fitch, Fernando López, Pablo Gutiérrez Delfín, “Zamorita” Hernández, Héctor “El Ratón” Zamudio, Pepe Elguezabal, Alfonso “El Houston” Jiménez, Jorge “Zamorita” Hernández…. entre otros, que se aglutinaron en torno a los ideales del movimiento que impactó la estructura del béisbol mexicano.

Otros peloteros que participaron en aquella aventura serían Luis Meré, Eleno Cuén, René Chávez, el mismo “Houston” Jiménez, Porfirio Salomón, Luis Fernando Guzmán, Abelardo Balderas; los receptores Arturo Rey y Rafael Barrón; Antonio Pulido (+), Martín Terrazas, Leo Rodríguez Jr…. ¡y cuántos más!



El primer acto de rebeldía

En esos días yo trabajaba para El Dictamen, de Veracruz y me tocó vivir de cerca esos difíciles momentos para el béisbol mexicano y nunca olvido cuando a causa de una decisión de un umpire, los Ángeles de Puebla se rebelaron y no quisieron salir al terreno de juego en un partido nocturno contra El Águila en lo que fue el viejo y ya desaparecido Parque Deportivo Veracruzano. Ello ocurrió el domingo seis de abril de aquel año.

Ya se tenía –se sabía— de un antecedente: el despido vertical del receptor de los Tigres, Vicente Peralta.

Esa noche, en medio de reproches y apoyos de la fanaticada jarocha, fueron escoltados desde el estadio hacia el Penal de Allende y ahí los tuvieron encerrados en la Comisaría de la Policía Municipal por varias horas, en tanto con mi libreta y grabadora en manos me mantenía pegado a la barandilla siguiendo los acontecimientos.




El movimiento prácticamente había explotado en una lucha que abanderaba mejores condiciones sociales y económicas para los peloteros, particularmente proyectando una protección al momento de su retiro del béisbol activo, entre otras demandas.

Luego vendría la huelga de jugadores, siendo calificada como “uno de los años más negros de la Liga Mexicana”, la que decidió realizar una temporada extraordinaria con Torreón, Saltillo, Cd. Juárez, Tigres, Coatzacoalcos, y Reynosa. Los Saraperos serían los campeones, pero su título no ha sido reconocido por el béisbol organizado.

Sin duda, en 1980 cambió el beisbol mexicano.

Los peloteros se habían organizado en una asociación sindical, que reclamaba la aplicación de la Ley Federal del Trabajo, tras el reconocimiento constitucional de que los deportistas profesionales son trabajadores.



A algunos dueños de equipos de beisbol no les gustó que surgiera la Asociación Nacional de Beisbolistas y ejercieron todo tipo de presiones en contra de ellos, incluida la detención arbitraria, en Veracruz, del equipo completo de los Ángeles de Puebla.

El 1º de julio de ese año, los jugadores de los Diablos y del Puebla se negaron a jugar hasta que no se restituyera a Alejo Peralta y fueron, a su vez, despedidos de inmediato.

Tras pocos días, los 20 equipos de la Liga Mexicana se habían reducido a seis, y esos estaban parchados, porque varios de sus peloteros habían sido dados de baja.

Los dueños actuaron con toda prepotencia y la ruptura fue definitiva, aun tras la intervención conciliatoria del Presidente de la República.
La Liga Nacional, un circuito paralelo a la Mexicana de Béisbol que existió entre 1981 y 1986.

Indudable: aquel movimiento provocó que los jerarcas de la LMB marginaran de la pelota profesional a una inmensa cantidad de grandes peloteros que lucharon por mejores condiciones salariales, seguro de vida y una pensión para cuando llegar el momento de su retiro.



Hay que recordar cómo aquel movimiento y circuito de la ANABE no pasó más allá de 1986 y la mayoría de sus peloteros, con algunas excepciones como el “Houston” Jiménez y Eleno Cuén, fueron perdonados por la Liga Mexicana.

Los equipos que participaron en esa liga fueron los Azules de Veracruz, Metropolitanos Rojos de México, Pericos de Puebla, Alacranes de Durango, Tuzos de Zacatecas, Sabinas, Forrajeros de Celaya y Halcones de Gómez Palacio, Durango.

Pero, sobre ese pasaje histórico donde incluso Héctor Espino fue invitado por los hueguistas para dirigir aquel movimiento, hay demasiado que contar.

Incluso, paralelamente, otro pelotero ilustre como Ramón Arano, también hizo pública su postura de que los beisbolistas se organizaran principalmente para crear un fondo de retiro.



Riqueza de antecedente

Ya en los 50’s aproximadamente 100 jugadores encabezados por “Cochihuila” Valenzuela, del Alijadores de Tampico, intentaron hacer una sociedad mutualista para proveerse de salud y pensión.

Los salarios bajos, particularmente en comparación a jugadores extranjeros, fue algo que los orilló.

Pero presiones y amenazas de los propietarios arruinaron el esfuerzo encabezados en contra-ataque por el magnate Jorge Pasquel y ejecutivos de otros deportes.

En 1961 una organización llamada Mutualidad de Peloteros Profesionales Mexicanos también falló cuando los propietarios rehusaron contribuir con fondos a la sociedad y congelaron ese movimiento.


Habría después otros intentos, pero sin fructificar, hasta que llegó en 1980 el más fuere e impactante de todos.

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