martes, 8 de diciembre de 2015

CASEY STENGEL

¿Quién fue Casey Stengel?
  

Por Jesús Alberto Rubio.

Nació el 30 de julio de 1890 y se dice que antes de entrar en el béisbol era un dentista en su ciudad natal, el viejo Kansas City, donde tenía el apodo de “Dutch”, por sus ancestros venidos de Alemania.

Ese apelativo, al llegar al béisbol de paga, lo cambiaría a “Casey” por las siglas de su pueblo (“K. C.”) y que influyó en el poema popular de los 50´s, Casey at the Bat. Más tarde, ya en su etapa de madurez, los cronistas de béisbol le llamarían “El Viejo Profesor”.

Fue el más pequeño de tres hermanos y desde adolescente en la High School de Kansas destacó como atleta en básquetbol, fútbol y béisbol.

A los 19 años decidió jugar pelota profesional vistiendo la franela de los Kansas City Blues de la Asociación Americana.


Jugó como jardinero, pero en 1910 fue enviado Kankakee, de la Northern Association; luego a los Maysville, Ky., en la Blue Grass League. En ese tiempo lo que más le distinguía era su entrega, corazón y pasión por el juego.

Fue en 1912 cuando a sus 22 años debutó con los Dodgers de Brooklyn, destacando ya como un versátil, pintoresco jugador. Ese año mejoró a la ofensiva y bateó .316.


El joven Stengel comenzaba a darse a notar: en 1913 ¡recibió $2,100 por su contrato! Y más que pronto lució al conectar su primer cuadrangular en el Ebbets Field de Brooklyn. Esa campaña pegó para .272.

Los siguientes dos años siguió con Brooklyn y ayudó a los Dodgers a ganar en 1916 el título de la Nacional

El 17 fue negociado a los Piratas de Pittsburgh y ahí sólo jugó 39 partidos porque tuvo que ir a prestar servicios como coach del Programa de béisbol en la Brooklyn Navy Yard.

El 19 regresó a los Piratas pero pronto fue enviado a los Filis de Filadelfia donde estuvo hasta 1920 porque luego fue negociado a los Gigantes de NY logrando batear .368 y .339 en las campañas del 22 y 23.

La Serie Mundial del 23

En la Serie Mundial de 1923 con sus Gigantes se enfrentó a los Yankees ya con el formidable Babe Ruth y en ese clásico se despachó dos cuadrangulares.

El primero de ellos histórico (de campo) al jugarse en el formidable y recién inaugurado Yankee Stadium ante un récord de entrada de 55 mil fanáticos que empezaban a ver una nueva dinastía con el Bambino de gran líder e inspiración.

Ese día, saltó a la historia una gran anécdota alrededor de Casey y la puedo narrar así:


Era el noveno capítulo con el score empatado a 4, dos fuera y la cuenta en 3 y 2, con Joe “Balazos” Bush en la lomita, cuando Casey pegó largo batazo por el left-centro, por lo que apretó el paso y mientras la bola rodaba hasta la barda, trató de llegar al plato con un jonrón de campo.

Pero al doblar por segunda, de pronto pensó que había perdido un spike, lo cual no era así ya que en realidad lo que le salió del calzado era la plantilla; aún así, siguió veloz hacia tercera y retó el brazo de Bob Meusel considerado en ese tiempo de lo mejor en la Gran carpa, llegando barrido como bólido al home con la carrera del triunfo.

Y eso no paró ahí: dos días después conectó otro cuadrangular en la séptima sobre Sam Jones, rompiendo el duelo de ceros para decidir el partido.

Más tarde, en el vestidor, diría a los reporteros: “Dos juegos para Stengel y uno para Yankees”.


Eso irritó al propietario de los Yankees, quien pidió al Comisionado de Béisbol, el famoso Juez Landis, que lo suspendiera por el resto de la serie, lo cual no fructificó.

Casey siguió jugando pero sus heroicidades ya habían terminado y los Yankees obtuvieron su primer banderín otoñal. Y mire que cosa: el belicoso John McGraw, el timón de los Gigantes, quien era feliz con jugadores más silenciosos, en lugar de estar agradecido con Stengel por sus dos jonrones…¡lo cambió de equipo!

Ese movimiento amargó por un tiempo a Casey Stengel, quien expresó a los reporteros: “¿qué tiene qué hacer un jugador para mantenerse en un Club?… Conecté dos jonrones y me botaron”!

Stengel vio acción en tres series mundiales: en 1916 donde bateó .364 (perdieron ante Boston); el 22, promedió .400 (a Yankees) y el 23 (.417). Como jugador, se pasó 14 temporadas con un total de .284.



Sus inicios de timón

Eventualmente, Stengel se convirtió en mánager de Ligas Menores en 1934 con los Dodgers de Brooklyn y luego dirigió a los Bravos de Boston, quienes al no ver buenos resultados, lo despidieron en 1943 y parecía que su carrera de piloto había llegado a su fin.

En el anecdotario persiste el recuerdo de cómo la afición se reía por su manera de ser y la forma tan chistosa que hablaba con todos mientras su equipo …seguía perdiendo juegos ya que sus equipos siempre terminaban cerca del último lugar.

En esos días fue atropellado por un taxi en Boston y se fracturó una pierna y parecía estar listo para el retiro; total, tenía suficiente dinero con sus negocios de aceite en Texas y los intereses del banco e inmobiliarios en California.

De todas formas, en 1944, dirigió al equipo de Milwaukee de la Asociación Americana; después estuvo en Kansas City y tres en Oakland… y todo estaba listo para llegar a la Catedral del Béisbol.



Un intelectual del béisbol

Dice el colega Edwin Kako Vázquez que Casey Stengel tenía un comportamiento algo cómico dentro del terreno, pero lo que la gente ignoraba era que detrás de ese disfraz de payaso se encontraba un intelectual del béisbol capaz de establecer récord como dirigente.

Si: Era una especie de bufón de categoría que gustaba ver a todos sus jugadores felices dentro del diamante y que le brindaran lo mejor de ellos, aunque no ganaran los partidos. Lo importante, a su ver en esos días, era jugar contentos el pasatiempo rey.

No sólo iba a hacer bromas…

Llegó 1949 y a partir de esta fecha iba a registrar una notable historia:



Tenía 59 años de edad cuando tomó el mando de los Yankees y muy pronto comenzó a demostrar que no sólo iba a hacer bromas.

Pero ocurrió que cuando fue designado timón, la fanaticada daba por un hecho la eliminación de los Yankees desde el primer día de temporada. No creían en él; le veían como un “payaso”.

Incluso, el famoso Bill Veeck, desde su campo militar e el Ejército, mandó una carta con lo que creían eran seis razones del por qué Casey no debía dirigir a los Mulos, tachándolo de viejo, que era un pobre mánager de segunda división; que no sabía juzgar al pelotero; que no tenía habilidad para tal puesto… que iba a dañar a la frqnuicia y al béisbol… y que si tuviera en sus manos el contrato..¡lo rompería!

Y todavía el polémico magnate insistió en lo mismo al siguiente año con todo y que había conquistado el banderín otoñal del 49.

Pero qué diferente fue todo: Con aquel “payaso”, los Yanquis fueron invencibles. Fue cuando Nueva York se volvió el centro del mundo:



Entre 1949, el año de su debut (fue el Mánager del Año) y 1953, Los Mulos establecieron el record de cinco banderines mundiales consecutivos. Superaban su marca de 4 lograda entre 1936 y 1939, entonces bajo la dirección de Joe McCarthy.

Y esto, en aquella época, fue un gran suceso; algo incomparable. Los Yanquis... eran invencibles y con esas actuaciones enaltecía y elevaba hacia confines insospechados la leyenda de la famosa franquicia de la Urbe de Hierro

Pero fíjese: en sus anteriores nueve años de mánager en la Nacional, ¡nunca pudo lograr tan siquiera un cuarto lugar!



Entra en escena Mantle

El 51, al gran Casey le tocó despedir al gran Joe DiMaggio y recibir, a Mickey Mantle, quien comenzó a escribir y enriquecer otra formidable época con sabor a Manhattan y el Bronx

Luego, en otra gran racha, llevó a Yankees a las Series del 55 al 58 y a la del 60. (Fueron campeones el 56 contra Brooklyn y el 58 ante Milwaukee).

Precisamente, fue el 15 de Abril de 1955 cuando el gran receptor Elston Howard se convirtió en el primer pelotero negro en jugar con los Yankees… Y ahí estaba al lado de Stengel, el mánager innovador con aquella idea que impuso de alternar bateadores derechos y zurdos.

El perfecto de Larsen


El Otoño del 56, sucedió algo inolvidable y extraordinario:

Seguramente el mayor éxito de decisión en la carrera de Casey Stengel como mánager, fue haber seleccionado en la Serie Mundial de 1956 a Don Larsen.

El clásico contra Dodgers lo tenía empatado a 2 y no encontraba a quien llamar para lanzar el quinto partido y, finalmente, alguna luz le inspiró y escogió a Larsen:

El espigado pitcher sorprendería al mundo entero con el primero y único juego perfecto en una serie de Octubre, retirando a los 27 bateadores para ganarle duelo de 2-0 al “Barbero” Salvatore Maglie, quien lanzó juego de 5 hits.


Mickey Mantle, quien dejó la marca de más jonrones en Clásicos de Octubre con 18, lo apoyaría con cuadrangular y una gran atrapada en el jardín central. Andy Carey también le salvó el perfecto a Larsen con dos espectaculares engarces en la esquina caliente.

Ese 8 de Octubre, ante 64,519 espectadores, Don Larsen tenía 27 años de edad y de lleno había entrado a los libros de récords en la historia de Series Mundiales.

Yankees ganó esa Serie en siete con Mickey Mantle, Yogi Berra, Billy Martin, Elston Howard, Bill “Moose” Skowron, Gil McDougald, Hank Bauer, Whitey Ford, Bob Turley, Enos Slaughter, Bobby Shantz, Johnny Kuks....

A Dodgers de Brooklyn lo dirigía Wealter Alston y su inolvidable equipo estaba conformado por Jackie Robinson, Roy Campanella, Sandy Amorós, Salvatore Maglie, Sandy Koufax, Don Drysdale, Don Newcombe, Carl Erskine, Gil Hodges, Carl Furillo, Pee Wee Reese, Duke Snider....

Fue en verdad un Clásico de Clásicos; de película otoñal con héroes y protagonistas memorables.



No volveré a…

El 60 también llegaron al Clásico guiados exitosamente por Stengel:

Pero, el histórico cuadrangular de Bill Mazeroski contra Ralph Terry al cierre de la novena del séptimo partido, los dejó cimbrados en el terreno de Pittsburgh para dar de último momento el título mundial a los Piratas de Danny Murtaugh en otra de las finales más dramático e inolvidables en la historia de Series Mundiales.

Yankees estuvo en plan poderoso: Anotaron 55 carreras por 27 de Piratas; 91 imparables contra 60; pegaron 10 jonrones, seis más que Pittsburgh, con palizas de 16-3, 10-0 y 12-0.

Mantle, quien en campaña fue líder jonronero con 40, además de producir 112, sacó tres jonrones y anotó ocho veces; Ford ganó dos partidos por blanquedas y dejó su efectividad en 0.00 porque no le anotaron en 18 inings.

Incluso Bobby Richardson, con todo y que jugó para el equipo perdedor, fue nombrado el Jugador Más Valioso por sus 12 impulsadas. Nunca se ha repetido esta clase de nominación.

Fue la última Serie Mundial de Stengel con Yankees, que en ese año contaron con el poderoso dúo Mantle-Maris, que hizo recordar aquella pareja Ruth-Gehrig.

Aquel “Viejo Profesor” que todavía dirigía a sus 70 años de edad, tuvo la gloria de su parte dirigiendo a sus adorados Yankees.

Charles Dillon Stengel, era ya un genio, figura, payaso, colorido, amigo. Todo.

Cuando N.Y. ya no lo contrató, diría su famosa frase “No volveré a cometer el error de cumplir 70 años... Me botan por viejo”.

Dicen los expertos que de haber utilizado a Ford en el tercer partido, los Yankees hubieran ganado el clásico. Pero no lo hizo y advierten que la ingratitud y crueldad imperó sobre todas las cosas, despidiéndolo.

Sin embargo, el legado ahí estaba: había impuesto toda una dinastía Yankee.


Con los Mulos, del 48 al 60, obtuvo diez banderines y siete clásicos otoñales en una trayectoria profesional que se extendió por 54 años desde la era de Christy Mathewson a Mickey Mantle.

Además, tres veces fue Mánager del año: 1949,58 y 53 y posee la marca de más victorias en Serie Mundial con 37, más que todos los grandes antes que él, desde John McGraw, Miller Huggins, Connie Mack y Joe McCarthy, también timón Yankee del 31 al 46, con quien está empatado en series mundiales ganadas (7).

McGraw, en 36 años con los Gigantes de NY obtuvo tres clásicos mundiales y 10 de liga; Mack, en 50 temporadas como timón y propietario de los Atléticos de Filadelfia, 5 otoñales y 9 de circuito; McCarthy, en 15 campañas y media Yankees, logró esas siete series y ocho de la LA; Huggins, en 12, 3 títulos mundiales y seis campeonatos de liga.

Con los Mets



Stengel todavía tuvo otra oportunidad en la Gran Carpa: Luego de un año su antiguo jefe, George Weiss y ahora dueño del equipo de expansión, los Mets, lo llamó en 1962 para que fuera el mánager ¡a sus 72 años de edad!

De alguna manera, buscaba un gran golpe promocional; además volvía al famosos Polo Grounds, el parque histórico donde precisamente Casey había tenido grandes actuaciones como jugador.

Pero ya no era lo mismo y Casey ni estaba listo de enfrentar tal reto: Sus primeros tres años compiló 40-120, 51-111 y 53-109 y en 1965 estaba en camino a alcanzar las 112 derrotas cuando se retiró a mediados de temporada. Y es que no ganaban ¡ni yendo a bailar al Chalma!

Dice Tommy Morales que una vez le preguntó a un taxista de NY la razón del por qué iba a ver jugar a los Mets, teniendo de respuesta “Son tan malos que necesitan de nuestra ayuda”.

También cuenta que una vez después de perder por errores y llegar los jugadores al vestidor, les gritó “¿No hay nadie aquí que pueda jugar al béisbol?”.

Al retirarse del timón, optó por dedicarse a ser su principal publicista y por supuesto que le fue muy bien.

Un icono y héroe


No tardó mucho en entrar al Salón d ela Fama de Cooperstown: Casey fue electo al salón de la Fama de Béisbol de Cooperstown en 1966 e inducido en 1981 al Recinto Sagrado de los Mets, quienes al igual que los Yankees (1970), retiraron su número 37 para la eternidad.

En el Parque Monumental del Yankee Stadium le dedicaron una placa de granito y bronce en su memoria (30 de julio de 1976).

Sobre la placa, reza: “Por más de 60 años representó uno de los héroes populares de América y contribuyó inmensamente con su saber al lenguaje Yankee y el béisbol, nuestro pasatiempo nacional”.

Stengel se convirtió en el siglo 20 en el único pelotero en vestir un uniforme como jugador o mánager en los cuatro equipos que han jugado en la ciudad de Nueva York: Gigantes (jugador); Dodgers de Brooklyn (mánager-jugador), Yankees (mánager) y Mets (mánager).

Pero el destino es así: Casey murió de cáncer en Glendale, California el 29 de septiembre de 1975 a los 85 años de edad y sus restos descansan en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de esa misma ciudad.


En su memoria; una luz eterna.

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