lunes, 4 de abril de 2016

LA LEYENDA VERDE




Por: Darien Medina Bonilla
darienmusic88@gmail.com


Esta es una leyenda diferente, no ha nacido del ideario popular cubano, aunque se desarrolle en esta isla, no necesita de dioses, ni de personajes con poderes especiales, aunque a veces nos quede la dude de que si esta gente son reales, las leyendas se transmiten de generación en generación, nacen y luego trascienden sin dejar de ser eso, leyendas. Ellas se alimentan del imaginario de determinado pueblo, que la hacen real, aunque en otras tierras duden de su veracidad.

Y en esta esquina de Cuba, donde para unos se comienza y al mismo tiempo, para otros, se termina desde hace mucho ha nacido una leyenda. Pinar ha convertido a su béisbol en una interminable leyenda, de esas en las que los protagonistas renacen de la muerte una y otra y otra vez, porque se resignan a morir, para ellos la única salida es la VIDA.

Y entonces viven, y no solo viven para contar su lucha, sino también para contar como ganaron su lucha, para ser vitoreados por los mortales, nosotros, malditos mortales que dudamos de las leyendas y de sus héroes, y entonces llegan ellos y nos demuestran de que en una leyenda verde todo, absolutamente todo es posible.

Desde llegar con la muerte soplándote al oído en una noche de sábado de abril con esa remota esperanza de que algo o alguien puede cambiarlo todo y tener ese despertar impensable una tarde de domingo.

Nunca dudes de una leyenda, ni de esas que se usan para que los chiquillos se vallan a la cama, esas a veces resultan ser las más reales, como lo fue esta, decir que Pinar se levantaría y entonces todos tus amigos te dieran la espalda y te tomarán como loco.

Así de loca se puso esta tierra y media Cuba cuando Alarcón sacudió su espada para despertarte de tu incredulidad antes las leyendas, rió, abrió sus brazos y le agregó otra página a este libro convertido en vida, en realidad, en presente, porque hay vida después de la muerte solo para los que creen en la vida, y si hubo un sábado también habría un domingo y así fue.


Hubo domingo, de esos domingos raros, extraños, en que pasa algo fuera de lo normal. Pero esto no fuera leyenda si fuera normal. No sería leyenda si no hubieses una Torre inmensa, y la hubo. La leyenda verde no fue escrita por un señor sentado a la sombra de un árbol rodeado de discípulos que luego la hicieran contar de aldea en aldea, la leyenda verde nació un día por un puñado de nombres que comenzaron a forjarla con la vida, para que no muriera nunca, para ser contada en esos días en que nadie cree que esta tierra escogió el verde para hacerlo leyenda. 

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