sábado, 24 de septiembre de 2016

LA ANABE...


(Documento localizado en YAHOO! RESPUESTAS):


Pasó un cuarto de siglo, y no se olvida. Decenas de acontecimientos paralelos se dieron para configurar lo que desembocó en la primera (y única) huelga del béisbol profesional mexicano, el 1 de julio de 1980. La historia misma de la humanidad es una mezcla de elementos coyunturales y juntos conforman el destino.

Así sucedió con el béisbol en México y nos atrevemos a pensar que cada quien por su lado, los actores, del nivel de jerarquía que se pueda uno imaginar, condujeron su vida hacia un solo lugar y vivieron cada cual, a su manera, un episodio único en el deporte nacional. 


Los beisbolistas, sus asesores legales, la prensa (a favor y en contra), los organismos oficiales, sindicatos a. liados a la CTM, el IMSS, los aficionados, las empresas deportivas y en .fin, todos los factores, influyeron en el desarrollo del conflicto, de un deporte que había sido el consentido de muchas generaciones de mexicanos y que ahora, muchos años después, da lástima.

Un texto publicado en Monitor Diario, define exactamente, lo que en ese año era apenas una vaga intuición, de lo que suponíamos podría ser nuestro trabajo periodístico.

Hoy tiene sentido reflexionarlo, porque en efecto, en el caso de un escaso sector de la prensa de aquella época, se trataba de un ejercicio de modernidad -que otro grupo abiertamente corrupto-, no entendió entonces, ni entiende un cuarto de siglo después. 

De esta manera lo publicó Diario Monitor el 12 de mayo del presente año, en un artículo firmado por Mariano Mariño.

“El béisbol está muerto en México. Pedro El Mago Septién, escribió recientemente el epitafio.


Y tiene razón el periodista legendario. La sentencia funeraria que dictó se refiere a un sistema empresarial deportivo que no entendió los cambios del juego y de la sociedad. En la temporada de 1980 selló su destino... 

“Los negociantes del deporte combatieron con toda clase de recursos a su alcance a los jugadores profesionales que se organizaron gremialmente para modernizar la estructura del béisbol en todas sus manifestaciones como espectáculo y trabajo. Por ello, hoy en día es una práctica deportiva híbrida sin figuras relevantes ni hazañas que registrar.


Acerca del papel que la prensa independiente jugó en aquel movimiento laboral Mariño agregó: “Sus vínculos (de los peloteros) fueron primero con aficionados, luego, con la sociedad en su conjunto en todas las ciudades en que jugaban, y el apoyo de la prensa que se asomaba a la modernidad y que se negaba a participar de los mecanismos utilizados tradicionalmente por la empresa deportiva.

“El día 12 de mayo de 1980 nació la Asociación Nacional de Beisbolistas. Sus triunfos y derrotas no se limitaron a los beisbolistas, sino que alcanzaron alegre y tristemente a los aficionados y a la sociedad. 

Hoy ha quedado en la memoria como una de las mejores luchas gremiales. Ramón El Abulón Hernández está en el mejor salón de la fama: El corazón de la afición que no olvida su fortaleza de líder y su honradez de mexicano que es al mismo tiempo humilde y orgulloso”.

La libertad de expresión Era común en la década de los años setenta que cuándo se ingresaba a la carrera de periodismo, nos preguntáramos ¿sí en México existía o no la libertad de expresión? Para ello contribuyó la censura contra el Movimiento Estudiantil de 1968 (que nos tomó por sorpresa en la Vocacional 2) y la desaparición en las hemerotecas de los periódicos, que dieron cuenta de la matanza de Tlatelolco. 

En los corrillos de la escuela se decía que nadie podía tocar, con el riesgo de que lo callaran para siempre, tres temas: El Ejército, el ‘Sistema’ y la Virgen de Guadalupe.

En 1976, nos iniciamos en el periodismo deportivo, añadimos a las advertencias de los años escolares, una recomendación más: “cuídate de criticar a Alejo Peralta, porque tiene fama de represor desde que metió el ejército al Poli. 



Además, ha golpeado a periodistas, y hace lo necesario para que los corran de su trabajo”.

La advertencia no era gratuita. Ahí estaban los ejemplos de Raúl Mendoza, agredido en el Parque de Béisbol del Seguro Social; y Manuel Villasana, quien salió huyendo del Heraldo de México, por la amenaza de personeros de Peralta (periodistas inclusive), a quien no le gustó que escribiera en una crónica que los Tigres habían dado un juego muy aburrido. 

Los 80´s no eran tiempos buenos para la prensa en general, lo mismo en el deporte, que en la política, los periodistas recibían de inmediato una respuesta violenta por atentar contra lo establecido.

Caciquismo beisbolero Peralta todo lo controlaba en la Liga Mexicana de Béisbol y tenía en Antonio Ramírez Muro al presidente idóneo. La primera vez que vimos a don Antonio nos llamó la atención, su tono casi sacerdotal, que caracterizaba su conversación. 

De los reporteros decía: “Son buenos muchachos. A veces les damos regalitos y les recomendamos algunas cositas pero, en general son buenos amigos”. Años después, supe que cuando Ramírez Muro hablaba, en corto, de la prensa del béisbol se refería a ella como “la garruña”, sin saber por qué. 


El trabajo de un reportero de béisbol se circunscribía a escribir crónicas de los partidos, hurgar en los dogauts y en las oficinas de los equipos, y a difundir las promociones de los equipos, para que la gente acudiera a la taquilla.

Dos asuntos ocuparon las páginas del periódico Esto, durante varias semanas a finales de los años setenta. Primero, la maniobra de la Liga Mexicana para despojar de su equipo al dueño de los Rieleros de Aguascalientes, por supuestas faltas al reglamento de competencia. 

Segundo, la agresión y encarcelamiento en Veracruz, de los jugadores del club Ángeles de Puebla, por algunos problemas durante un juego contra El Águila. 


En ambos casos había argumentos jurídicos que difundir, voces que escuchar y definiciones por hacer. Entonces, Alejo Peralta pidió que los periódicos callaran en torno al conflicto en Veracruz, y sólo Esto se negó a hacerlo, porque además, ya se había producido una agresión física en nuestra contra, por parte de un empleado del empresario José Luis Chito García. 

Definido estaba que los beisbolistas tendrían en este último diario una tribuna, y que los directivos de la Liga Mexicana lo verían como un enemigo, aunque a cambio tuvieran a diez medios informativos, por lo menos, a su favor.

El destino se encargaría de lo demás. Los jugadores del Ángeles de Puebla se agruparon en busca de formar una asociación que defendiera sus derechos y, casi paralelamente, dos peloteros ilustres como Ramón Arano y Héctor Espino, hicieron pública su postura de que los beisbolistas se organizaran principalmente para crear un fondo de retiro. 


Fueron ellos quienes pusieron de hecho la semilla -aunque a la hora de la verdad, dieron la vuelta a sus compañeros- de la agrupación de peloteros, la Asociación Nacional de Beisbolistas (ANABE), que nació el 12 de mayo de 1980, presidida por el segunda base de los Diablos Rojos del México, Ramón Hernández. 


Pero, el viejo sistema represivo empezó a funcionar y desembocó en el despido del cátcher del Tigres, Vicente Peralta, con el argumento de bajo rendimiento, aunque días antes se le había advertido que sí mantenía su cargo de delegado de la ANABE, tendría consecuencias. 


Trascendió, entonces, que dos de las principales .figuras de los Tigres, uno de ellos Miguelito Suárez, propusieron que se presionara a los directivos advirtiéndoles que sí tomaban represalias contra Vicente Peralta, todo el conjunto se negaría a jugar en determinada fecha, precisamente el 1 de julio de 1980.

La prensa escrita y los medios electrónicos jugaban ya su papel en la historia del conflicto. Esto, Proceso y Unomásuno,

dieron voz a los jugadores; los demás hicieron suyo el sentir de los empresarios y denostaron al movimiento de los deportistas con calificativos como comunistoides, rojillos y revoltosos.

Alejo Peralta, aportó sus propios adjetivos para ridiculizar a los beisbolistas, al llamarlos “ignorantes”, cuando se negó a recibirlos. “Yo no hablo con ignorantes”, les dijo. “Pues, nosotros sí y por eso lo fuimos a buscar”, dijeron los beisbolistas, en plena guerra mediática, como se diría ahora. 


Cuidado: palabra de presidente.

Los beisbolistas aprendieron entonces, que la palabra de un presidente de la República no siempre se cumple, y que la creación de comisiones para resolver los conflictos por regla general operan en contra de los más desfavorecidos. 

Así como había periodistas corruptos en su contra; muchos otros cuya especialidad no era la del béisbol; veían con interés y simpatía la demostración de valor que dieron el primero de julio, al oponerse a jugar el partido Tigres contra Diablos, por el despido de Vicente Peralta.

Los peloteros no eran los ignorantes y prófugos del arado que decía Peralta y sorprendieron a José López Portillo en Los Pinos, a Pedro Ojeda Paullada en la Secretaría del Trabajo y a otros políticos de la época, corrompidos por el poder empresarial. 


Los jugadores de la ANABE se refirieron a Ryszard Kapuscinsky y se pronunciaron por ejemplificar con la violencia en el deporte (Las Botas/La guerra del fútbol), la necesidad de que se regulara el sindicalismo deportivo, desde el ámbito del Estado.

Así se lo dijeron a López Portillo. Era necesario hacer algo por los hombres (beisbolistas, jugadores de fútbol, boxeadores) que llegaban a los equipos o a las arenas como carne fresca, y regresaban a sus lugares de origen convertidos en carne molida.

Los beisbolistas también crearon el periódico El Caballo, como se les llamaba a los peloteros de prestigio y trayectoria.

Así escribió de ellos Virgilio Caballero en un artículo llamado “La Anabe, periodista” (noviembre de 1980):


“Los trabajadores que en todo el país se ponen a caminar y se topan con la infamia, el silencio y, en el mejor de los casos, las distorsiones de la gran prensa: en nuestros días las luchas se ganan y se pierden también en el papel y en los espacios electrónicos, porque la información es poder, y ese poder pertenece hoy, casi por completo, a monopolios de norteamericanos nacidos en México.

Un día sabremos, y algunos o muchos escribiremos de la conspiración que se tejió para impedir que ese derecho fuera real en el único sentido en que puede serlo: que la sociedad, a través de sus organizaciones civiles, gremiales y políticas, use también los medios de información, secuestrados ahora por unos cuantos que piensan en inglés. Mientras tanto, este Caballo cabalga, junto con otros. ¡Y que buen trote lleva!”

Y esto es de Francisco Ponce (Proceso 1980):

‘Los jugadores de béisbol’ “... son mercancía propiedad del patrón y como única prestación, apenas este año se les inscribió en el Seguro Social; no se les paga ningún porcentaje por transferencias, a pesar de que lo estipula la LFT; reciben 180 pesos diarios para comidas cuando salen a jugar a otra plaza; deben participar en la pretemporada sin percibir salario; carecen de días de descanso, vacaciones y fondo de retiro; un jugador puede ser cambiado de equipo sin siquiera ser consultado, y por si fuera poco, se les niega ahora el derecho de asociarse”. 



La voz de Ramón Hernández:

Es el propio Ramón Abulón Hernández quien habla de aquellos años de lucha: “Creo que un hecho innegable es que el Esto jugó un papel primordial en la conformación de la ANABE, porque desde el incidente en Veracruz contra los jugadores del equipo de Puebla, este diario mantuvo su apoyo en pro de los peloteros. Quienes se agruparon para enfrentar a los directivos en igualdad de condiciones.

Al estallar la huelga, los periodistas tuvieron frente así la gran oportunidad de coadyuvar a la solución del conflicto, y salvo honrosas excepciones, prefirieron anexarse a los intereses de los directivos, por beneficios económicos.


Esa prensa tergiversó los motivos reales de la lucha y los últimos cronistas de aquella época que quedan han estado pagando la factura, porque hoy reclaman, como Tomás Morales, que los directivos ya no los tratan como antes y que no los respetan, como si se merecieran ese respeto. 



“Pero igual se quejan esquiroles como Ramón Arano y algunos viejos dirigentes que fueron utilizados por Peralta para reprimir a los beisbolistas”. 


Por cierto, finalizó Ramón Hernández, “Alejo Peralta se equivocó cuando dijo que como los beisbolistas no sabíamos hacer otras cosas que jugar, sin la Liga Mexicana nos íbamos a morir de hambre... y hasta la fecha, 25 años después, no tenemos noticias de que alguno de nosotros haya muerto así”.

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